Esta semana celebramos el día internacional de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), este día se dedica a concienciar sobre este trastorno del neurodesarrollo. Sus características es la falta de atención y alta actividad motora, cursando con impulsividad. Este trastorno no es «ser algo despistado” o “moverse mucho”, sufrir de TDAH tiene un impacto significativo en la vida de las personas, a nivel social, personal y profesional.
El TDAH es un tema de actualidad, sobre todo entre padres, madres y profesores, ya que es un trastorno que suele detectarse en el entorno educativo. A pesar de lo mucho que se habla de ello, muchas veces se infravalora el impacto que este trastorno puede tener y como consecuencia, no se ofrecen los apoyos necesarios para los jóvenes con TDAH.
Existe una alta correlación entre el fracaso escolar y el TDAH, ya que muchas veces este “trastorno invisible” se materializa en conceptos como “vagancia” o “bajo interés”, que genera una sensación de rechazo en los profesionales de la educación. La creencia de que son alumnos vagos o “trastos” hace que muchas veces los profesores pierdan el interés en atenderles, crean que es inútil brindar apoyos o que simplemente el alumno no los quiere.
Por ello, vamos a dedicar este blog de hoy a conocer los síntomas que tiene un alumno con TDAH, identificarlo y conocer que apoyos se les puede ofrecer en el aula.
Para empezar, contextualicemos que es el TDAH, y es que comúnmente nos centramos únicamente en la actividad motora y en la falta atencional, pero es un trastorno mucho mas profundo que eso.
Los niños con TDAH tienen dificultades a la hora de continuar tareas en el tiempo y a la hora de finalizarlas y resulta complejo seguir rutinas y actividades diarias. La forma de relacionarse socialmente es abrupta ya que presentan complicaciones a la hora de escuchar a otras personas cuando les hablan mientras que ellos suelen responder con un tono de voz alto y discurso prolongado. También interrumpen a otras personas, lanzando respuestas antes de las preguntas o se meten en actividades de otros sin haberlo solicitado.
Estas dificultades de escucha y percepción les impiden muchas veces entender contextos, normas sociales o dobles sentidos, dificultando una relación social ordinaria, pudiendo ser percibido como mala educación.
Los problemas a la hora de relacionarse y a la hora de mantener tareas (ya sean de ocio o de trabajo) generan problemas autopercetivos, hiriendo la autoestima y creando sentimientos de culpa e inutilidad.
Trabajar con un niño con TDAH en el aula es todo un reto, ya que, si presentan dificultades a la hora de realizar tareas de ocio, estar atendiendo a clases que quizá no generan interés en ellos, durante 7 horas, resulta desafiante.
Lo primero de todo, ¡no te frustres! Muchas veces nos encontraremos a alumnos que no tengan interés en nuestras clases, con o sin trastorno, es importante que conozcamos nuestro objetivo: el aprendizaje.
Partiendo de esta base, conozcamos que opciones tenemos como profesores a la hora de hacer adaptaciones curriculares;
En los centros educativos podemos hacer dos tipos de adaptaciones:
- Adaptaciones curriculares no significativas: Es decir, no modificamos los elementos básicos de un currículo.
- Adaptaciones curriculares significativas: Es decir, modificamos los elementos básicos de un currículo.
Comúnmente las adaptaciones que se les aplica son:
- Acercarse a su mesa durante la clase. Supervisar.
- Fragmentar las tareas que son largas, evitar textos largos y ejercicios que requieran de atención prolongada.
- Supervisar los exámenes, hacer incidencias en posibles despistes, dar mas tiempo para realizarlos o hacerlos de forma oral.
- Señalar la información relevante del examen con negrita. Ayudarle con textos breves y concretos, eliminando “preguntas trampa” y pasivas.
- Anticipar y prevenir en aquellas posibles tareas donde identifiquemos que puede haber dificultades,
- A la hora de dar tarea, supervisar que la anotan o entregar ya una copia con los ejercicios.
- Si queremos que adquieran alguna cosa concreta, cerciorarnos de que la ha subrayado o anotado en un lugar donde no lo pierda.
Otras actividades que podemos hacer de forma transversal con los alumnos que tienen dificultades atencionales son mantener entrevistas de seguimiento, tener un contacto directo, cercano. Escuchar y comprender sus dificultades, hacerle participe del aula, ser flexibles a la hora de los descansos, animarlos a salir a la pizarra…
Como podemos ver, con pequeños ajustes podemos lograr grandes cambios en la experiencia educativa de los alumnos con TDAH. ¿Conocíais estas adaptaciones?
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